domingo, setiembre 11, 2011

Es simple

Para besarte en la boca no necesito ser tu novio. Te tomo la mano y ves que no estás bajo arresto. Muñeca, nada te borro de la cintura, no voy a extraviar tu ombligo ni las hormigas se llevarán tus lunares si nos echamos al pasto a charlar. Nadie convertirá en estatua de cal al otro con una mirada fija, no matarás pájaros con la verdad que dejas libre entre bromas. ¿Alguna vez escuchaste que una lágrima partió en dos a un hombre? Yo no. ¿Alguna vez pedir un abrazo convocó a Lucifer? Es demasiado tarde para jurar que te llamas libertad y que quieres volver a irte. Yo sí vi a un hombre morir en una banca de frío, esperando, porque esperar es también una forma de morir. Así que, si me besas ahora sin miedo a perder tu idioma en mi lengua, si te dejas venir desnuda hasta eclipsar el vacío que sueles ocupar sobre mis piernas, entenderás, tal como lo entendieron los nenes jugando bajo la cama, que no es necesario ser siquiera amigos, para echar de menos un tanto más de ternura, cualquier día, cualquier tarde.

viernes, setiembre 09, 2011

Incompletas

A

Si esta noche
fuera esa noche
serían mis manos otra vez
ya no en tu silencio
sino en tu cintura


B


No estará en mi testamento ser parte tuya, no quiero pertenecerte ni tenerte, ni entrar en tus festividades ni tradiciones de desayuno.

miércoles, setiembre 07, 2011

De pronto

No sé porqué suenan de pronto las canciones, y dos sillas quedan vacías a un paso de nosotros. Nosotros. En la callecita de piso de ajedrez, imaginando unos versos de Scorza. Es un bar conocido, nos verán y la gente dirá cosas porque la gente dice cosas, pero la música que ha empezado es excelente, y entramos a pedir una cerveza enorme que nos llenará el estomago de felicidad y de noche. Ya sentados alrededor de la mesa redonda, somos el rey y sus escuderos a la misma vez, y encubrimos nuestros secretos tras el humo del cigarro barato que suelo hacer andar pues me los robo del trabajo, Casino Leyenda. Los días han sido difíciles para ambos, lo confesamos, estamos hechos mierda, uno más que otro, yo soy ese más. Y sin embargo, nos damos tiempo para la ternura, una mano que recorre tu hombro, la tuya que recorre mis dedos largos y algo huesudos. Manos de artista. ¿De qué sirve el arte en un beso? La conversa fue algo patética, pero la cerveza cayó a pelo, y salimos del bar cantando palabras de paz y amor al mundo al cual odiábamos hace una hora con toda el alma. Lo que significaba que dejamos el alma en ese bar, o quizás se nos fue desprendiendo cuadra tras cuadra, y al final, en esa despedida, éramos cuerpos inertes que como dos chuletas se besaron sin sangrar. Quiero verte el jueves, dijimos, y te pedí que no mueras hasta ese jueves, que me prometas que no morirás. Pero de pronto, moriste.

miércoles, junio 29, 2011

Bomerman

Al final, quién nos
cree. Si estuvimos ahí confrontando con nuestros cuerpos y nuestras lanzas a
los criminales, si estuvimos ahí fumando bajo el árbol sin matar hormigas, sin
romper las hojas que comen las orugas. Entonces, quién entiende la ternura de
una bomba, su corazón detona en cámara lenta abriéndose como un girasol; quién
no amaría la más negra noche sabiendo que la luz más ultracálida nos remanga la
piel sobre la carne. He visto morir a un hombre, era yo frente al espejo. Era
yo el hombre bomba, la flor roja, el uno hecho miles.

miércoles, enero 05, 2011

Mira






Nada tendría sentido si es que ahora no estuviera secuestrando tu atención, como quien coge un pedazo de acero y lo forja, así forjo yo tus ojos.

lunes, enero 03, 2011

Lo que me queda

Los amores ya no se encuentran en los días hermosos de verano, ni aparecen de pronto sonriendo con entradas al cine un jueves cualquiera. Son pocas las veces que ve visto una paloma excretar sobre alguien, y sobre mí, jamás. Imposible que los sueños añorados se repitan los domingos, ni los perros ajenos dejarán de mojar la puerta de mi casa. Hoy hace calor, y los niños salen de la escuela animados y revoltosos, me sonríen y lanzan silbidillos porque una mujer me besa el rostro, mientras yo medito en lo imposible que resulta no vencerse a la piel, a las caricias. No es primavera, porque aquí en esta ciudad las estaciones son todas las mismas, pero ha florecido un granito en mi rostro que ella explota sin permiso. Primates. Los besos bajan ahora a mi cuello, y nos exhibimos a la multitud infantil para que aplaudan y digan, ¡Grande éste que la ignora! Ella quiere ser perdonada, y que la ame. Lo malo es que no hizo nada que me ofenda realmente, más que traer cigarrillos mentolados los cuales una entrañable mujer me enseñó a odiar. Tampoco trajo vino, sino un cóctel de café, detestable también por el sabor a huevo. Huevo y cigarrillos mentolados, así no se puede soportar la soledad. Le digo que vayamos a dentro a estudiar su trasero, acepta, y la infelicidad crece a cada paso. Quisiera a mis mejores amigos sentados en la vereda, para charlar de las muchachas que nos hacen escribir buena poesía, y recordar que las palabras que se esconden en la mente para esos momentos únicos, jamás se usan, porque es pedirle demasiado al destino, por eso nos aferramos a la idea de ser poetas, y llevar ese arte en el alma como quien lleva un segundo corazón. (Suspiro) ¡Mierda! He pensando en voz alta, y ella escuchó, me mira coqueta, lo que significa que no entendió absolutamente nada. La mujer detestable, es lo que me queda.