miércoles, junio 29, 2011

Bomerman

Al final, quién nos
cree. Si estuvimos ahí confrontando con nuestros cuerpos y nuestras lanzas a
los criminales, si estuvimos ahí fumando bajo el árbol sin matar hormigas, sin
romper las hojas que comen las orugas. Entonces, quién entiende la ternura de
una bomba, su corazón detona en cámara lenta abriéndose como un girasol; quién
no amaría la más negra noche sabiendo que la luz más ultracálida nos remanga la
piel sobre la carne. He visto morir a un hombre, era yo frente al espejo. Era
yo el hombre bomba, la flor roja, el uno hecho miles.

2 comentarios:

Indira Anampa dijo...

A Indira le gusta!

Miuler Vásquez González dijo...

tas quemado amigo