miércoles, setiembre 07, 2011

De pronto

No sé porqué suenan de pronto las canciones, y dos sillas quedan vacías a un paso de nosotros. Nosotros. En la callecita de piso de ajedrez, imaginando unos versos de Scorza. Es un bar conocido, nos verán y la gente dirá cosas porque la gente dice cosas, pero la música que ha empezado es excelente, y entramos a pedir una cerveza enorme que nos llenará el estomago de felicidad y de noche. Ya sentados alrededor de la mesa redonda, somos el rey y sus escuderos a la misma vez, y encubrimos nuestros secretos tras el humo del cigarro barato que suelo hacer andar pues me los robo del trabajo, Casino Leyenda. Los días han sido difíciles para ambos, lo confesamos, estamos hechos mierda, uno más que otro, yo soy ese más. Y sin embargo, nos damos tiempo para la ternura, una mano que recorre tu hombro, la tuya que recorre mis dedos largos y algo huesudos. Manos de artista. ¿De qué sirve el arte en un beso? La conversa fue algo patética, pero la cerveza cayó a pelo, y salimos del bar cantando palabras de paz y amor al mundo al cual odiábamos hace una hora con toda el alma. Lo que significaba que dejamos el alma en ese bar, o quizás se nos fue desprendiendo cuadra tras cuadra, y al final, en esa despedida, éramos cuerpos inertes que como dos chuletas se besaron sin sangrar. Quiero verte el jueves, dijimos, y te pedí que no mueras hasta ese jueves, que me prometas que no morirás. Pero de pronto, moriste.

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